<$BlogRSDUrl$>

jueves, junio 19, 2003

He vuelto a navegar por un mal de cereal. El horizonte se quiebra, y ahora, cuando es tiempo de anticiclones, ya no es el oleaje que espumea níveo, sino la genuina cresta que tiene forma de mujer muerta, envuelta en el sudario de la calima. Hecho el ancla en aguas calmas, al amparo de los grandes navíos de antaño que aquí quedaron varados para siempre. Respiro, y libre de los rencores que me impulsaron en el inicio de esta jornada, al amparo de los calores, me tumbo desnudo sobre la cubierta y dejo que mi mente vague por el acerico de la noche esperando en vano ver la sombra del diablo que sale de caza.
No la vi llegar, era negra como la oscuridad que me envolvía, pero se dejo caer plácidamente sobre mi pecho. La tomé en mis manos, la acaricié, comprendí que no estaba todo perdido.
Busqué el manual y siguiendo las instrucciones la preparé como se hacia antaño. Creo que hasta el cortaplumas sonrió feliz, con un destello de plata, cuando lo rehabilité en la función para la cual fue originalmente concebido.
Cuando contemplé sobre el papel del diario este acaecimiento en sepia fui yo quien se sintió embargado de felicidad porque supe que una cigüeña me regalaba una parte de su ser para que no me abandonara al abismo.

martes, junio 17, 2003

No puedo hacer otra cosa.
Siento necesidad de la soledad de la mar que es amante inaprensible. Por eso me hago de nuevo a ella, con todo en contra: el navío que hace agua -1 pie en la sentina-, el viento -que sopla hacia tierra- sobre un velamen ajado que amenaza ruina, y la misma mar, que está agitada y espumea y ruge burlona y me zarandea e intenta arrojarme contra los farallones.
No miro atrás. No me importa la costa, a fin de cuentas en ella flota una humanidad cenagosa que hoy con su rechazo me impulsa a hacerme la vela.
Por eso cada vez que la roda hiende las aguas, sea suavemente o dando pantacazos, sonrío con esa rabia que hoy alimenta mi voluntad y la panatela da vueltas entre los dientes y su pava brilla más luminosa que cualquier faro.
He fracasado una vez más, y el océano devora mi estela, pero aún no ha conseguido llevarme al fondo.
No. Todavía no es tiempo de sumirse en el caos.

lunes, junio 09, 2003

Es horrible oir hablar al viento. Llevo días escuchándolo. No puedo evitar prestarle atención. El viento es metáfora. Habla o calla, sin saber muy bien qué es lo que le impulsa a obrar así, porque el viento, aunque esté próximo siempre parece distante. Pero cuando habla no esconde su estado de ánimo. A veces parece un doncel enamorado, otras un político irascible al que difícilmente puede uno soportar. Si tuviera que elegir diría que cuando más me agrada es en otoño cuando se torna rijoso y anda requebrando de amores a las hojas caducas que se engalanan con tan dorados oropeles que por ellos consumen haciendas y existencias, mientras él se aleja con un silbido burlón tras palpar sus maduras nalgas.
Me gusta así porque estoy irritado con él. Porque yo estoy aquí varado, sin reservas, agotado, incapaz de ahogar mi pena en cerveza, ni ánimo para escucharle cuando se convierte en brisa de confidencias que alegran el alma. Porque tengo los ojos rojos, insomnes, y no hay horizonte sino la imagen de pesadilla de su semén invisible fecundando la hinchazón de las velas de mi velero, que yace en el dique seco, con su vientre abierto, como una sonrisa negra.
Pero si frunzo el gesto, sentado sobre el noray, con la mirada perdida en los rizos de la mar, él viene y me acaricia la cabeza y me susurra palabras de ánimo.
«Vamos amigo, pronto soplará el levante y te harás a la mar»

Mientras estoy aquí varado miro las fuentes.
Siento la necesidad de hablar sobre ciertos paisajes.
Lo haré (Si consigo mostrar las fotografías)
Porque esas imágenes se han revelado, no quieren ser simples convidados de piedra para una edición especial.
Sí, tienen una voz propia que bulle en mi mente.
Soy marinero, no quiero que una voz se ahogue.



martes, junio 03, 2003

Entre las nubes se abrió paso la revelación del rayo de sol. Escribía un mensaje y fue a dar sobre la palabra "fuera"
¿Qué significaba?
Fuera adverbio de lugar que significa aquello que está más allá de uno
Fuera, forma verbal de ser pero que en realidad es sólo una posibilidad de ser.
Extraña similitud de significados aun cuando no sean sinónimos.
Así fue como la revelación de un rayo de sol me apartó de mi propio ser y me convertí en un reflejo en bajorrelieve bajo el agitado rumor de las hojas de los álamos temblones.
Creo que soy menos que la abstracción de las letras.


Me pierdo en la grafía de las letras. Las contemplo desnudas de su significado y todo pierde su sentido. Obra abstracta, como un ladrillo, inconclusa sino fuera por gravas, cementos y argamasas, esas sustancias que cuando desaparecen se transforman en nada y el conjunto se reduce a una ruina fascinante: fragmento a través del cual uno trata de reconstruir el significado total perdido.
Esfuerzo inútil el de recrear la totalidad, aunque sea en una imagen reducida dentro del cerebro. Todo es abismo, fragmento sin sentido en si. Descomposición.


This page is powered by Blogger. Isn't yours?