<$BlogRSDUrl$>

miércoles, julio 30, 2003

Esta tarde me entraron ganas de volver a la infancia.
Fue a esa hora incierta en la cual uno debería estar sumido en la siesta, olvidado de todo y sobre todo del horrible calor que reseca los sesos.
Lo deseé porque apareció aquel sujeto. Un sujeto sin ojos, que eran dos globos negros como los de las moscas, un sujeto que era sólo busto, porque el resto del cuerpo se desvanecía en uno de esos coches que trata de escapar a su mediocridad con colores chillones, cristales tintados, alerón en el portaequipajes y motor nostálgico de las fallas y noches de San Juan levantinas.
Un coche que, tras devorar a una moza de andar mecánicamente anodino se alejó con ese estridente palpitar en que las cajas bacaladeras han transformado la música.
Lo vi alejarse y cuando dobló la esquina se llevó consigo el deseo de volver a ser ese niño que nunca fui, el crío curioso que lo primero que hacía con los juguetes era despanzurrarlos para intentar desentrañar sus mecanismos.
Creo que de haber podido ser esa criatura, lo más humano que hubiera encontrado en ellos de seguro habría sido el agua del raidador.
Moralina del desvelado insomne: Terminator podrá cautivar por su efectismo pero jamás seducirá por su error de perspectiva. El enemigo siempre está dentro de uno mismo.

domingo, julio 27, 2003

El espacio del sufriente es la aniquilación. La nada. Pero si consigue tener la voluntad necesaria para no sucumbir a su dolor, y se eleva por encima de ese caos fecundo, puede convertirse en un Dios.

(Insome a la hora de la siesta. Tratando de darme ánimos para no licuarme bajo este calor impío, mientras la fragmentación se me aparece como un proceso de degeneración espiritual en la cual mi ser se convierte en un humus antropofagicamente fecundo)

This page is powered by Blogger. Isn't yours?