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miércoles, marzo 24, 2004

Es curioso hasta que punto el sexo se apodera de nuestra existencia. Estamos simplemente ante el ejercicio de doma de un órgano capaz de burlar nuestros nervios y apoderarse de todo nuestro ser para llegar, en un ejercicio de presdigitación, a un fin: lograr que el ser humano descienda a su ser más primitivo y esencial. ¿Para esto hemos inventado el más noble sentimiento: aquel en cuyo adiestramiento perdemos la voluntad? Quizás sea porque cuando se ha descendido hasta el fondo del abismo ya sólo es posible elevarse.
Pero esto es un fragmento. Hace meses que mi pensamiento es incapaz de hilvanar un pensamiento, de intentar comprender. Tengo la impresión que algo se ha roto dentro de mi.

jueves, marzo 11, 2004

En un primer instante uno se queda sin palabras ante lo ocurrido hoy. Existe una onda expansiva moral, una onda expansiva que paraliza, que deja inerme al pensamiento. Luego, el pensamiento se va dejando llevar -nave a la deriva- a medida que las piezas del suceso se van ensamblando y se va cobrando conciencia de lo ocurrido. Pero aún no es pensamiento, es un puro instinto, son reacciones lo que le mantienen a uno vivo aunque la sensación de aniquilación permanece. Todo parece peder su sentido, y el delicado edificio que hemos construido a lo largo del tiempo aparenta derrumbarse. Es entonces cuando surgen pensamientos como el de Adorno quien afirmó que no se podría escribir literatura después de la Segunda Guerra Mundial. Pero siempre surge -como lo fue la poesía de Celan- una planta que echa raíces entre las grietas de las piedras para florecer y devolvernos la ilusión por la vida. El horror paraliza pero no tiene tanta fuerza para aniquilar, para desertizar y que nada vuelva a crecer.
Siento vergüenza, me siento casi más culpable que víctima, pero esta idea, que parece tan cruel, es una puerta que se abre a la comprensión. Me acerca a un dolor al cual, por fortuna, he logrado escapar pues, todos mis familiares y amigos que, por su proximidad podrían haber sido víctimas, han escapado en salvo de esta tragedia.
Sólo esa vergüenza es capaz de llenar en este instante este vacío.

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