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domingo, febrero 13, 2005

Ante la aterradora idea de saber que tenemos la guerra perdida y que nuestra fortaleza será finalmente arrasada, fácilmente nos dejamos abatir. Rara vez somos conscientes de los esfuerzos ingentes, de los inconmensurables recursos, de las inconcebibles alianzas y del tiempo que nuestro enemigo ha gastado –y todavía tendrá que empeñar- para lograr la pírrica derrota de vencer la fragilidad de nuestro cuerpo.
Por eso, quien tenga un momento de respiro en la enfermedad, debe sentirse orgulloso de su dolor. Quien es consciente de la armonía que confluye en su ser, tiene derecho a quejarse, de rabiar. Ante el dolor, el grito es la conciencia de lo efímero de esa armonía y de la capacidad de resistencia.


jueves, febrero 03, 2005

En los tiempos modernos el hombre sobrevive a sus creaciones. El mercantilismo ha sometido al espíritu, lo ha esclavizado reduciendo perspectivas y horizontes. Hemos dejado de ser guerreros para convertirnos en adocenados dioses pacifistas en un panteón sin secretos, donde todo se cree sabido y el secreto no tiene lugar. Como consecuencia, el espíritu de conquista se abandona. Ya no somos soles en expansión a medida que nos consumimos.
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Falta el genio capaz de idear verdades a partir de sofismas.

miércoles, febrero 02, 2005

La vida es un destierro perpetuo de un pasado que nos persigue sin tregua. Huir para crear, crear para huir. No es una relación de viceversas sino, como el caminar, una dualidad contenida en cada paso que damos.



martes, febrero 01, 2005

D’Ors escribió: «Todo lo que no es tradición es plagio». Es cierto en la medida que la tradición se convierte en fuente de nostalgia. De esta manera es como el pasado, libre de mundanzas, se perpetua. El tiempo fijado nos atrae porque, a diferencia del futuro, podemos recrearlo y sentirlo propio. También para el tiempo el ser humano es un condenado egoísta.

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Existe una nostalgia de lo que nunca se ha poseído, de lo inalcanzable. Su imagen es el horizonte: tan próximo que uno puede tocarlo con la mirada, pero siempre inaccesible.

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No espero nada. El tiempo es un fragmento, un detonador de melancolías.



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