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domingo, junio 19, 2005

He iniciado la lectura de «LTI» (La lengua del Tercer Reich) de Victor Klemperer. Es el fruto de hace un par de años cuando leí sus diarios del mismo período. El estilo sigue siendo ligero, cautivador, nada pesado, pero no por ello superficial. Reflexiones significativas como la de lenguaje como una revelación de quien lo emplea.
No deja de llamarme la atención la porosidad de la lengua. Es evidente que el «mecanicismo» jugó un papel fundamental en la ascensión y caída del Reich hitleriano, pero al igual que supo domeñarlo y, al parecer, empobrecerlo para hacerlo moldeable para sus intereses, no es menos cierto que los estados democráticos han sabido asumir parte de ese lenguaje -no importa la traducción- para fortalecer su débil esencia.
«Histórico, he aquí la palabra que el nacionalsocialismo derrochó a mansalva desde el principio hasta el fin. Se toma tan en serio, está tan convencido o pretende convencerse tanto de la duración de sus instituciones, que cualquier bagatela que le interese, cualquier cosa que toque, es de importancia histórica. Considera histórico cualquier discurso pronunciado por el Führer, aunque diga cien veces lo mismo, es histórica cualquier reunión del Führer con el Duce, aunque no altere en absoluto la situación; es histórica la victoria de un coche de carreras alemán, es histórica la inauguración de una autopista, y se inaugura cada carreteraa y cada tramo de cada carretera; es histórica cada fiesta de acción de gracias por la cosecha (...) ¡En cuántos titulares, en cuántos editoriales y discursos se usó la palabra que quedó despojada de su venerable resonancia! Necesitará todos los cuidados inimaginables para recuperarse»
Basta con echar un vistazo a la prensa -sea del tipo que sea- para darse cuenta que la frase de Klemperer, lejos de ser un anacronismo de un ensayo filológico sobre una lengua desaparecida, sigue siendo hoy por hoy completamente válida y, lo que es más terrible, no parece que se aviste un horizonte distinto en el futuro.


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